Las regulaciones, por ejemplo, prohíben que las mujeres embarazadas reciban atención de comadronas si no están al día con las exacciones que exigen los que detentan el poder. Estos personajes pueden, porque tienen la fuerza para hacerlo, suspender servicios como agua potable, trasnporte, molino de nixtamal, salud, tiendas de consumo, empleos, energía eléctrica, acceso el mercado y cementerio. Chunimá es el ideal de cualquier dirigente, activista y político totalitario.
Los habitantes de la aldea incluso deben avisar a la autoridad comunal si van a trabajar fuera y deben decir dónde pueden ser localizados. la constitución de Chunimá no le regatea poder a los que lo detentan; y dice que en estas normas hay otros aspectos que no están escritos, pero no dejan de ser derechos y obligaciones que también pueden ser sancionados. O sea que todo se vale.
¡Por supuesto que la tensión y el miedo prevalecen en la aldea!
Chunimá no es un caso aislado, porque se sabe de otras poblaciones en las que existen reglamentos invasivos y cacicazgos totalitarios parecidos. En Santiago, Chimaltenango y en Todos Santos, Huehuetenango, las autoridades la han emprendido contra el consumo de licor. En otros lugares, como Acatán, Huehuetenango, el grupo que detenta el poder ha ido tan lejos como para prohibir el divorcio y el basquetbol. En Zunil, Quetzaltenango, un hombre pude robarse una esposa, aunque ella sea menor de edad.
Ya sea ley maya, o cacicazgo tribal, estas prácticas seguramente son más abundantes de lo que conocemos. Y tengo la sospecha de que si se las sigue alcahueteando, como se alcahuetean los linchamientos, estas barbaries van a convertirse en pesadillas fuera de toda proporción.






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