En fin, de vuelta a los huevos, a mí me gusta mucho su consistencia y su sabor; y generalmente prefiero comer sólo las yemas, sin las claras. Cuando yo era niño, mi padre solía comprarlos en el Mercado de La Placita, en el puesto de una señora que se especializaba en cuestiones no muy ortodoxas como estos huevos, carne de tortuga, ancas de rana y otras cosas parecidas.
Cuando los llevábamos a casa los lavábamos y les quitábamos la arena y preparábamos la salsa para acompañarlos. Los huevos de parlama se consumen crudos y en casa nos gustan con una mezcla de limón, salsa inglesa y ketchup. La gracia es comer la yema y reventarla en la boca con la parte de atrás de la lengua. Luego la yema reventada se derrama en la boca y uno siente su sabor y su textura particulares, que a mí me agradan mucho. Y luego de tragarse la yema uno se queda tomando la salsa citada. Los huevos de parlama se acompañan muy bien con cerveza, o con tequila.
En Guatemala existen unos 23 tortugarios, y cada años son liberadas unas 110 mil tortugas en el mar. Las familias que se dedican a recoger los huevos de parlamas deben entregarles a las autoridades un 20% de lo que recolectan, para conservar la especie.






1 comentario:
Que delicia! Hoy consegui docena y media y creo que no va ser suficiente.
Saludos,
Rodrigo Lacayo
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