Celebro la decisión y me pregunto: ¿quiénes serán los siguientes? Pero, al mismo tiempo hay algo que me inquieta: Portillo cantará New York, New York y Jailhouse rock no porque los guatemaltecos lo hayamos mandado para allá -por sinvergüenza-, sino porque el Tío Sam lo mandó a traer, por delitos cometidos allá. Eso es una pena porque confirma que los chapines sí necesitamos tecomates para nadar y que todavía no tenemos ni las agallas, ni las instituciones necesarias para defendernos de los políticos depredadores. Me inquieta también que, con todo lo que ha de saber, ¿cuánto tiempo va a durar Portillo en una cárcel chapina de esas en las que ocurren cosas misteriosas? Si a Bernie Madoff lo acaban de trancacear en una prisión de Carolina del Norte, ¿quién va a garantizar la seguridad de Portillo en Pavón, o en Pavoncito? Lo mejor sería que se lo lleven cuanto antes a Nueva York y que, desde allá cuente todo lo que sabe.
Inquietante es, también, que los jueces y sus familias hayan sido amenazados durante la audiencia en la que se trató la extradición de Portillo.
Con todo y todo el proceso que se le sigue al Pollo Ronco es un mensaje alto y claro, no sólo para nuestros propios políticos depredadores, sino para todos sus colegas de América Latina.






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