Imagínese usted, que si a Alfonso Portillo de hubieran dado un golpe de estado como querían algunos cuando la corrupción de su administración parecía escandalosa e insuperable; en vez de ser un prófugo del Tío Sam, el expresidente andaría viajando por los EUA y por Europa. Hubiera andado por ahí recibiendo doctorados honoris causa en multitud de universidades, y cobrando quién sabe cuánto por dar conferencias y contar cómo es que los chapines no lo habían dejado hacer las reformas estructurales que necesitaba el país y que él estaba haciendo.
Que ande prófugo es mejor que la otra opción, que era la de que anduviera de víctima.
El fiscal Bhrara, declaró: Alfonso Portillo está acusado de convertir la oficina de la presidencia de Guatemala en su cajero automático personal. Por medio de varios supuestos esquemas de malversación, incluyendo uno que involucró $1.5 millones que se tenía la intención fueran destinados para niños de escuelas guatemaltecas, Portillo abusó de la confianza de la gente de su nación. Y yo digo que esta es una lección a la que usted ya sabe quienes le deberían poner atención.
La lástima es que anda prófugo, no porque los chapines lo andemos persiguiendo, ni porque como sociedad hayamos decidido que su venalidad y su sinvergüenzura eran intolerables y deberían ser irrepetibles. Anda prófugo porque así lo dispusieron los gringos. Este es un ejemplo más, por si hiciera falta, de cómo es que los guatemaltecos tendemos a esperar que otros nos resuelvan los problemas que nosotros no nos atrevemos a enfrentar.






1 comentarios:
Totalmente cierto. Qué vergüenza me da. Ojalá, aunque no por iniciativa de los guatemaltecos, que lo atrapen y pague por su delito...tanto daño que nos han hecho :(
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