Muchos empresarios, académicos, periodistas y expertos se han fascinado con los éxitos económicos de China, como cuando había mucha gente fascinada con los éxitos del Nacionalsocialismo en la Alemania de 1930; y por los de los socialistas soviéticos en 1920. Eso les ha permitido hacer negocios y celebrar con la dictadura de Pekin, al mismo tiempo que se hacen los locos con el hecho de que aquél régimen es una dictadura como cualquiera.
Lo que ocurre ahora en Urumqui debería llamar a la reflexión a los fanáticos de la China Continental, cuya política pone en evidencia, ¡como si hiciera falta!, que la prosperidad económica no es sostenible fuera de un marco de respeto a la vida, la libertad y la propiedad de todos, y fuera de un marco de igualdad ante la ley, de todos. Como la libertad es una, no es sostenible un estado de libertad económica, divorciado de uno de ausencia de libertad política. Y esto es porque en última instancia todo es un problema ético y la raíz es una misma.
Los que apuestan a que China es el futuro deben seguir con atención lo que está ocurriendo allá, porque nos dará una lección valiosa acerca del valor de la libertad, por sobre los éxitos económicos, tecnológicos, e industriales, al margen de una ética de la vida.







1 comentarios:
Hola.
Creo que es importante no dejar de lado el aspecto religioso y cultural de esta cuestión. En principio el problema se derivó de la discriminación e intolerancia respecto de los uigures.
Estos dispararon la violencia y el Gobierno chino, abusando de sus poderes, decidió la represión violenta.
Saludos.
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