De nuevo, los empresaurios del azúcar están buscando forzar el uso del etanol que ellos producirán, una vez tengan la ley que necesitan para que el uso de aquel combustible sea obligatorio. La pregunta oportuna, aquí, es que si el etanol es tan bueno como dicen, ¿por qué es que es necesaria una ley que obligue a usarlo?
Una ley de aquella naturaleza es un privilegio tan evidente que a mí me cuesta creer que el asunto no sea más cuestionado.






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