En los años 60 el monopolio de las telecomunicaciones sólo tenía un modelo Siemens, de color gris. Y en todas las casas que tenían la buena fortuna de contar con teléfonos había principalmlente dos modelos: Unos cincuenteros teléfonos negros que eran muy pesados, ¿los recuerda usted?; y los modernos grises.
Ahora, que hay más teléfonos que personas, en el país, la gente cambia de modelos y de carátulas con una frecuencia extraordinaria. Lo que antes era un lujo para políticos, obispos, empresarios, sindicalistas, oficiales del ejército, comandantes guerrilleros y otras elites, ahora es cosa común, hasta para los chapines más sencillos.






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